Vacaciones que dejan huellas de abandono…
Son pocos quienes se interesan por la realidad en estos días de Enero, cuando las vacaciones -para el colectivo de humano que puede gozarlas- se instalan con su discurso de “no hacer nada”. O “hacer otra cosa”. “Romper con la rutina”.
Pocos también son los que efectivamente, “no hacen nada”. El humano es un animal de acción. Entre las alternativas, el “salir de vacaciones” y hacer turismo es una actividad más, que supone stress, emociones fuertes, adrenalina y algún que otro cansancio posterior.
También en esta época se ha vuelto costumbre “vacacionar con las mascotas”. Según informaciones escuchadas al pasar en veterinarias, las playas están llenas de gente que va con sus caniches. Los perros caniches mini o micro toy, se han convertido en una extensión del cuerpo humano. Un brazo se estira y lleva asido a un caniche.
Playa, sol, diversión, compañía de los seres queridos y de las “mascotas”. ¿Qué más se puede pedir? Un ápice de sentido. Quienes van con sus “mascotas” a la playa o consiguen una allí, tienden a dejar a estos animales abandonados en la costa, a la deriva de la vida y su sufrimiento.
Por un lado, tenemos una práctica tan abominable como lo es el consumo de seres sintientes y su tratamiento como objetos que tienen precio en dinero: mercaderías. Un perro caniche es una mercadería, que ya sea mediante práctica familiar o criaderos, nació para ser un esclavo de lujo. Y así con todas las razas. Es probable que quien lleva el caniche, simpático y portátil perro, deje cuidando la casa al pitbull, al fila brasilero, etc. Estos últimos, catalogados como “perros peligrosos” por las legislaciones recientes y por ende, tanto codiciados como perseguidos arbitrariamente por su raza.
Por otra parte, la otra cara de la misma moneda, la liviandad con que se deja algo que se compró. Y no es precisamente la “Insoportable levedad del ser”, sino una liviandad propia del mundo light, donde las cosas y las personas -los animales son personas- están hechos para el consumo. Algunos veterinarios también dicen que quien paga por un animal, lo “cuida más”. Esto es falso. Los afectos no se compran, se ganan con esfuerzo. No hay dinero que pueda pagar la empatía, de hecho, comprar animales, es un comportamiento radicalmente anti-empático y poco civilizado.
Todos los mortales somos prescindibles, pero nuestro sufrimiento es único y el mismo trato que dispensamos a los demás seres es el que nos darán. Esa es la justicia que conoce y aplica la naturaleza.



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